Donde el alma respira
Mar Chiquita: donde el alma respira
Hay lugares que parecen detener el tiempo. Este fin de semana, en Mar Chiquita, la amistad y la naturaleza se encontraron en ese espacio sagrado.
Las charlas con amigos fueron un puente que nos hizo olvidar distancias y relojes. Entre risas y confidencias, recorrimos kilómetros de palabras que nos devolvieron más livianos y sonrientes.
Al caminar por la orilla, el sol rojo y redondo se fue hundiendo en el horizonte, tiñendo de magia el lago. Los troncos secos, emergidos del agua como esculturas naturales, nos contaban historias de un pasado sumergido. Y las ruinas de antiguas casas, ahora expuestas, eran un recordatorio de que todo lo que parece eterno también cambia.
De pronto, la escena se completó con los flamencos. Su vuelo rosado pintó el cielo y nos regaló una belleza que solo se entiende estando allí, respirando ese aire puro, sintiendo la inmensidad.
Regresamos con el corazón renovado, sabiendo que la vida también necesita pausas: espacios donde la amistad, la naturaleza y el presente se abrazan y nos devuelve
n enteros.
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