“¿Y si me elijo con todo?”
🌿 “¿Y si me elijo con todo?”
Una reflexión desde lo más hondo del alma...
A veces me pasa.
Estoy haciendo algo que elegí…
que amo, que me llena… y aún así, algo adentro se mueve.
Una incomodidad suave, pero persistente.
Una pregunta que no me suelta:
¿Y si no se trata de dejar nada, sino de empezar a incluir lo que vengo postergando?
No hablo de desagradecimiento.
Ni de capricho.
Hablo de esa sensación que muchas mujeres tenemos alguna vez:
La de que la vida sigue girando…
y nosotras seguimos ahí, sosteniendo todo.
Cumpliendo. Enseñando. Dando. Conteniendo.
Siendo útiles. Valiosas. Disponibles.
Y un día, así, sin grandes anuncios,
te descubrís con una pequeña melancolía pegada al pecho.
Una sensación de que algo está por vencerse, pero no sabés qué.
Mirá si será fuerte ese tironeo,
que incluso haciendo lo que amo —acompañar, guiar, enseñar—
hay días en los que siento que estoy a destiempo con mi propia alma.
Y me pregunto:
¿Cuántas veces más voy a postergar esos sueños que guardo como ropa de otra temporada?
Los viajes, las rutas, el pelo violeta, las decisiones locas, los silencios elegidos.
No los fantasiosos… los reales, los posibles.
Los que, si me animara, podría empezar mañana mismo.
Y también me atraviesa otro miedo, más silente:
el miedo a que sea tarde.
A que el cuerpo no acompañe.
A que la vida pase.
A que el alma se me acostumbre a la espera y ya no pida más.
Y entonces viene la gran pregunta:
¿Cuándo es el momento justo?
¿Cuándo es tiempo de decir:
“Basta de postergar. Me elijo ahora. Sin culpa. Sin permiso.”?
A veces imagino cómo sería hacer una pausa, aunque sea breve,
y salir a rodar por el mundo con mi bici, con el alma liviana,
sabiendo que todo lo que construí me espera cuando regrese.
Y me vuelvo a cuestionar:
¿Estoy buscando afuera algo que aún no encontré adentro mío?
¿O simplemente llegó el momento de expandirme?
Tal vez sea solo un día melancólico.
Tal vez mañana me despierte con nuevas ideas para mis clases,
con el corazón agradecido por el camino que construí,
por las personas que acompaño,
por todo lo que sí he logrado.
Porque no se trata de dejar lo que hago.
Se trata de recordar que también soy yo en este camino.
Que no solo vine a sostener.
También vine a explorar. A moverme. A sentirme viva en nuevos paisajes.
Aunque sea de a ratitos. Aunque sea de formas pequeñas.
Tal vez la libertad no esté tan lejos.
Tal vez no haya que elegir entre seguir ayudando…
y empezar a escuchar mi alma con más valentía.
Hoy,
hoy me permito hacerle lugar a esta verdad que late bajito:
Estoy viva también para mí.
Y todavía hay caminos que me esperan.
Y si no me elijo con todo ahora… ¿cuándo?

Comentarios
Publicar un comentario