🌕Cuando el alma pide una pista

Salir de la zona de confort después de los 50 también es un acto de amor propio

Hay un momento en la vida, a menudo después de los 50, en que uno empieza a sentir la llamada.
Un impulso interno que no grita, sino que susurra con fuerza:
"¿Y si me atrevo?".

No es un capricho ni una ocurrencia tardía.
Es el alma pidiendo una pista.
Es ese deseo silencioso de volver a sentir emoción, riesgo, adrenalina...
no por obligación, sino por elección.

Pero entonces aparece la otra voz.
La que dice:

"¿Y si me equivoco?"
"¿Y si lo dejo en ridículo?"
"¿No soy mayor para esto?"

Y al final, lo que realmente nos asusta no es el fracaso.
Es ser vistas .
Es exponernos de nuevo tras años de protección, maternidad, rutinas, sacrificios.
Es tener que prepararnos por dentro y por fuera.
Elegir con qué actitud, con qué herramientas y con qué energía vamos a vivir ese sueño...
como cuando éramos niñas.
Pero ahora con conciencia.
Y con historia.

Salir de la zona de confort, a cualquier edad, es un acto de rebeldía.
Pero hacerlo después de los 50 también es un acto de dignidad emocional .
Porque es mirarse al espejo y decir:
«Sigo vivo. Todavía tengo algo que dar. Y voy a permitirlo».

Este no es el texto del logro.
Todavía no.
Este es su texto mientras tanto .
Del nudo en el estómago.
De las dudas.
De la preparación que va más allá del cuerpo:
la preparación del alma.

Y quizás, en unos días o semanas, cuando llegue ese momento, volveré a escribir.
Y cerraré este capítulo como se cierran los verdaderos rituales:
desde la experiencia.

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