Carta abierta: Soltar el mandato del trabajo
Carta abierta: Soltar el mandato del trabajo
Querido mandato antiguo:
Durante tantos años me hiciste creer que el valor de una persona se medía por cuánto podía soportar.
Que trabajar era sinónimo de sacrificio.
Que agachar la cabeza era una forma de honrar la vida.
Que había que agradecer cualquier trabajo, aunque apagase el alma, porque “al menos tenías uno”.
Me hiciste pensar que estaba mal tener tiempo libre. Que descansar era pereza.
Que si no terminaba el día agotada, no había hecho lo suficiente.
Me enseñaste que decir que no era de débiles.
Y que soñar con vivir en paz era una fantasía egoísta.
Te vi repetirte en mi historia, en la historia de mis padres, de mis abuelos, y también en mi cuerpo.
Te sentí en mi insomnio, en mis nudos en el pecho, en mis comidas apuradas, en la angustia de no llegar.
Fuiste tan sutil que por momentos creí que eras parte de mí.
Pero no lo sos. Sos un eco del pasado. Un reflejo de la escasez. Un susurro que ya no guía mi camino.
Hoy me detengo.
Hoy me escucho.
Y desde este lugar nuevo, aunque vulnerable, elijo soltarte.
Elijo creer que el trabajo no tiene por qué doler.
Que producir desde la calma también es digno.
Que cuidar mi salud, mi tiempo y mi energía es un acto de respeto, no de pereza.
Que el valor no se gana por cantidad de horas sino por calidad de presencia.
Hoy declaro que mi forma de aportar al mundo será desde mi verdad.
Desde mi voz clara.
Desde mi cuerpo alineado.
Desde mi libertad para decir sí… o no, cuando lo sienta.
Gracias por lo que me enseñaste.
Pero ya no te necesito.
Hoy honro a mis ancestros eligiendo algo distinto.
Porque también se honra cortando cadenas.
Porque también se ama rompiendo mandatos.
Con amor y firmeza,
Uma Luna 🌑

Comentarios
Publicar un comentario