A los 14...

A los 14...

A los 14, muchas niñas sueñan con su fiesta, con amigas, con bailes, con tardes largas de risas.
Yo, en cambio, vivía algo muy distinto. A esa edad, me casé y supe que iba a ser madre.

No entendía del todo lo que pasaba. Solo sabía que algo en mí se estaba transformando demasiado rápido. El cuerpo, las emociones, los silencios.
Y aunque viví esos años con amor, con entrega y con la certeza de estar haciendo lo correcto, también hubo una tristeza que llegó después… cuando entendí todo lo que no viví.

Dejé de lado salidas, amistades, proyectos. Una carrera, tal vez. Sueños que en ese momento ni siquiera podía imaginar.
La visión que tenía de la vida cambió de golpe, y con ese cambio llegaron preguntas, heridas, aprendizajes.

Hoy, desde la mujer en la que me convertí, abrazo a esa chica de 14.
Agradezco su fortaleza, su corazón, su capacidad de seguir adelante en medio de todo.
Y también reconozco lo que faltó, lo que dolió, lo que marcó.

No es normal que una niña viva tantas cosas a esa edad.
Pero fue mi historia. Y hoy elijo mirarla con amor, con verdad, y con respeto por todo lo que fui.

Porque gracias a ella —a esa niña que vivió prematuramente tanto—, hoy soy esta mujer que camina con conciencia, con memoria y con el alma despierta.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nada es casualidad.

Cuando seguimos viendo al que ya no es "

Cuando las abuelas se reúnen, el tiempo baja la voz