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Mostrando entradas de febrero, 2026

Las metas también pueden ser cumplidas al contrario

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Hay caminos que no siguen el orden del folleto. El mío no lo siguió nunca. Cuando otros bailaban la adolescencia, yo me vestí de esposa a los 14. Cuando tocaba descubrir el mundo, ya sostenía una vida entre brazos a los 15. La secundaria llegó después, como llega lo verdadero: cuando una está lista. Dicen que todo tiene su tiempo. Yo aprendí que el tiempo también se puede dar vuelta como un mate bien cebado. A los 40 empecé a estudiar. Y no paré más. Un curso, un taller, una pregunta nueva. Porque el conocimiento no envejece, se expande. Y porque compartir lo aprendido es una forma profunda de amar. Hoy, a los 54, no estoy cerrando nada. Estoy abriendo. Abriendo una etapa que muchos temen y yo abrazo. Menopausia, sí. Cuerpo que cambia, sí. Pero también claridad, fuerza, criterio y una belleza que ya no pide permiso. Hice todo al revés, dicen. Yo digo: lo hice a mi manera. Y acá estoy, demostrando —con hechos, no con slogans— que se puede estar bien, vital, presente y en paz en esta eda...

Cuando seguimos viendo al que ya no es "

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 🌕 “Cuando seguimos viendo al que ya no es” Hay juicios que se lanzan como piedras y quedan suspendidos en el aire, esperando caer… pero a veces nunca caen. Se quedan flotando sobre la cabeza de alguien que hace tiempo ya no es el mismo. Qué injusto es cuando seguimos mirando a las personas con los ojos del pasado. Cuando no vemos su cambio, su aprendizaje, su nueva piel. Los encasillamos en un momento, en un error, en una versión que ya murió. Y sin querer, los mantenemos prisioneros de algo que ellos ya superaron. A veces pienso que juzgar es como negarle al otro su derecho a renacer. Como si dijéramos: “No importa lo que ahora seas, porque yo ya decidí quién fuiste.” Pero las almas evolucionan. Las heridas enseñan. El tiempo pule. Y quien hoy vuelve a intentarlo, quien pide perdón, quien se reconstruye… merece que lo miremos con ojos nuevos. Cada ser humano debería tener el derecho de volver a empezar sin cargar con las etiquetas que otros le colgaron. Porque nadie es el mismo ...

Cuando las abuelas se reúnen, el tiempo baja la voz

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Nos juntamos tres abuelas con nuestros nietos. Éramos diecinueve niños y niñas, y tres mujeres con historia en las manos. No para entretener, sino para compartir. Para dejarles una herencia invisible, de esas que no se heredan por sangre sino por presencia. Ojalá algún día la sigan pasando, como se pasan las cosas importantes: sin apuro. La tarde empezó con lo simple, que siempre es lo más grande. Pileta, juegos, risas que salpican, cuerpos mojados y el sol acompañando. Los niños jugaban libres, entregados al momento. Y nosotras, las abuelas, estábamos ahí: atentas a cada brinco, a cada carcajada, a cada sonrisa. Cuidando sin invadir, mirando con ese amor que no necesita hacer ruido. Antes del fogón, la hamburguesada a la parrilla. Manos ocupadas, charlas sueltas, risas mezcladas con el humo. Comimos sin apuro, compartiendo el momento, sin mirar el reloj, porque cuando la presencia es plena, el tiempo deja de mandar. Después, prendimos el fogón. El fuego nos reunió en ronda, como se re...