Cuando los hijos vuelan… ¿dónde queda una?

 Cuando los hijos vuelan… ¿dónde queda una?


Hoy me descubrí pensando en mis hijos.

Ya no viven conmigo. Ya no me necesitan como antes.

Ya no me piden la leche tibia, ni que los lleve, ni que los arrope.

Ahora tienen sus propias casas, sus propios amores, sus propios ritmos.

Y yo…

Me encuentro muchas veces preguntándome si hice lo suficiente cuando los tenía conmigo.

Si estuve presente.

Si los abracé lo suficiente.

Si les dije que los amaba… no solo cuando dormían.


La culpa viene como una vieja conocida.

Me recuerda lo que no hice, lo que no dije, lo que no supe.

Y a veces, me impide disfrutar lo que sí tengo hoy:

el milagro de que mis hijos estén vivos, sanos, formando sus propias familias.

Y yo, siendo testigo, en silencio, de su vuelo.


Pero, ¿cómo se hace para ser madre cuando ya no necesitan una madre?

¿Alcanza con un mensajito preguntando cómo están?

¿Alcanza con decir "acá estoy si me necesitan"?

¿O hay que aprender a amar en la distancia, sin molestar, sin invadir, sin esperar tanto?


Tengo miedo de perder la conexión.

De ser solo un nombre en su agenda.

De ser un recuerdo dulce, pero lejano.


Y entonces me abrazo. Me hablo. Me digo:

"Carina, no estás sola. Esto nos pasa a muchas. Y aún así, seguimos siendo madres."


Ser madre no termina nunca.

Pero cambia de forma.

Ahora, es un amor más silencioso. Más sabio.

Un amor que no busca protagonismo, pero que sostiene desde las sombras.

Un amor que no reclama, pero espera con los brazos abiertos.

Un amor que no deja de latir, aunque no se vea.


Y también soy abuela.

Y eso es otro tipo de amor. Uno que nace sin exigencias, que solo quiere sembrar ternura.


Hoy no tengo todas las respuestas.

Solo sé que quiero seguir presente, sin invadir.

Ser luz, no carga.

Ser raíz, no cadena.

Ser abrazo, aunque no siempre sea pedido.


Si vos también te sentís así…

Te entiendo.

Y te abrazo con todo el corazón de madre que compartimos.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Nada es casualidad.

Cuando seguimos viendo al que ya no es "

Cuando las abuelas se reúnen, el tiempo baja la voz