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Mostrando entradas de abril, 2025

La raíz de lo verdadero...

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 Hace tiempo tomé una decisión que, aunque parezca simple, marcó un antes y un después en mi manera de verme y de estar en el mundo: dejé que mis canas salieran a la luz. Al principio fue una necesidad de descanso. Pero pronto entendí que era mucho más que eso: era un acto de autenticidad. Mirarme al espejo y ver esa raíz blanca no fue solo ver un cambio físico. Fue encontrarme con una parte de mí que había estado esperando ser reconocida. Esa soy yo. Así, al natural. Sin filtro. Sin tapar lo que el tiempo me regaló. Por supuesto, vinieron las miradas ajenas. Los consejos no pedidos: “no te tiñas más”, “te vas a ver más grande”, “no te queda mal, pero…”. Esos “peros” cargados de juicio disfrazado de sugerencia. Y ahí entendí que lo difícil no era ver mis canas, sino sostenerme firme cuando el afuera tambaleaba mi decisión. Porque dejarse las canas no es solo dejar de teñirse. Es mirarse y abrazarse. Es dejar de luchar con el tiempo. Es entender que la belleza real tiene textura...

Carta a la niña del campo

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 Carta a la niña del campo: Querida niña de cabellos al viento, Hoy volví a verte. Pedaleé entre caminos de tierra y de memorias hasta llegar a esa tranca vieja que un día fue la puerta de todos tus sueños. No crucé. No quise interrumpir el silencio que vos aún habitás. Desde afuera, te vi. Corriendo entre los senderos anchos, trepando árboles que parecían tocar el cielo, riendo con tus primas bajo el alero donde el abuelo sintonizaba historias en su radio de mano. Todo seguía ahí. La cocina de leña perfumando los inviernos. El llamado a las vacas que resonaba como una canción del alma. La huerta, la pileta, el patio de las gallinas, las carreras sin miedo. Te vi, pequeña mía, tan inmensa en tu inocencia. Hoy los caminos me parecen más cortos, los árboles más bajos, los espacios más pequeños… Pero vos, vos seguís siendo grande. Inmensa. Me quedé de pie frente al portón, y el corazón me tembló de ternura. Qué libre eras. Qué feliz eras, sin saberlo, en esos días sin tiempo ni culpas...

Homero, el que siempre estuvo...

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 Homero, el que siempre estuvo Por Uma Luna Homero vivió 18 años con nosotros. Fue más que un perro: fue testigo de la vida. Vio crecer a mis hijos, correr entre juguetes y travesuras, presenció nuestras charlas eternas, nuestras risas, nuestros silencios. Fue compañía leal en días de sol y consuelo mudo en los días grises. Pasaron los años, y como todos, envejeció. Sus patas empezaron a tropezar, su andar se hizo lento, se caía sin poder levantarse. Hasta que un día llamamos a la veterinaria para saber cómo seguir. Lo medicó, y Homero mejoró un montón. Volvió un poco el brillo a sus ojos, y con eso, algo en mí también hizo clic. Ver su mejora me hizo reconocer que, a veces, la medicina es necesaria. Y gracias a él, me animé a aceptar un tratamiento con un neurólogo para mi insomnio. Él me enseñó que también se puede recibir ayuda, confiar, soltar el control y dejarse cuidar. Pero todo tiene su ciclo. La vejez volvió a avanzar. Ya no retenía la orina, sus órganos empezaban a apagar...

A los 14...

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A los 14... A los 14, muchas niñas sueñan con su fiesta, con amigas, con bailes, con tardes largas de risas. Yo, en cambio, vivía algo muy distinto. A esa edad, me casé y supe que iba a ser madre. No entendía del todo lo que pasaba. Solo sabía que algo en mí se estaba transformando demasiado rápido. El cuerpo, las emociones, los silencios. Y aunque viví esos años con amor, con entrega y con la certeza de estar haciendo lo correcto, también hubo una tristeza que llegó después… cuando entendí todo lo que no viví. Dejé de lado salidas, amistades, proyectos. Una carrera, tal vez. Sueños que en ese momento ni siquiera podía imaginar. La visión que tenía de la vida cambió de golpe, y con ese cambio llegaron preguntas, heridas, aprendizajes. Hoy, desde la mujer en la que me convertí, abrazo a esa chica de 14. Agradezco su fortaleza, su corazón, su capacidad de seguir adelante en medio de todo. Y también reconozco lo que faltó, lo que dolió, lo que marcó. No es normal que una niña vi...

El susurro de la paciencia

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  El susurro de la paciencia Por Uma Luna Hay momentos en los que siento que todo debería pasar ya. Que el cuerpo responda, que el sueño regrese, que los resultados aparezcan. Pero entonces recuerdo… no todo florece con rapidez. Y aparece ella, la paciencia. No entra con ruido. Llega como un susurro. Recuerdo mi accidente en moto en 2012, ese punto de quiebre. Ahí comenzó un camino nuevo, aunque en ese entonces no lo sabía. Tuve que aprender a frenar, a escucharme, a esperar. Y eso, para alguien que siempre fue de resolver y avanzar, fue un desafío enorme. También lo veo hoy, con mi insomnio. Esa lucha silenciosa con el descanso, donde el cuerpo no duerme, pero el alma pide calma. Y estoy aprendiendo, como puedo, a esperar sin desesperar. A observar mis hábitos, mi energía, mis pensamientos. A darme el permiso de probar, fallar y volver a empezar. Y así también construí mi Centro Holístico. Clase a clase, año tras año, con amor y constancia. Nada fue inmediato. ...

La losa, la sombra y el perdón

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 “La losa, la sombra y el perdón” Hay una losa en mi patio. Una losa de 6 por 11 metros que cubre no solo tierra, sino recuerdos. Antes de que esa losa existiera, ahí había vida. Dos fresnos y un ceibo. Tres árboles que eran sombra, refugio, nido, testigos de meriendas, charlas, siestas en hamaca paraguaya, y de los descansos de mis perros. Ahí se acurrucó Tomy, luego Homero, hoy lo hacen Colincha y Chiquita. El día que los sacamos, lloré. Lloré como se llora a un ser querido. Y aún hoy, cada vez que miro esa losa, duele. No por lo que está, sino por lo que ya no está. No hay vuelta atrás. Ya no están. Ya los maté. Y eso, aunque suene duro, es lo que siente mi alma. Nunca más darán sombra. Nunca más serán esa frisa fresca del atardecer. Y me pregunto una y otra vez: ¿cómo permití eso en ese momento? Pero acá estoy. Aprendiendo a mirar esa losa de otra forma. Porque aunque no sepa aún qué será de ese espacio, sé que algo se está gestando. Tal vez no lo soñé de esta forma. Tal vez no...

¿Quién es Uma Luna?

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  ¿Quién es Uma Luna? Uma Luna es una mujer que ha hecho de su historia un templo sagrado. Una buscadora incansable, un caminante del alma que se atrevió a mirar su pasado sin parpadear y desde ahí —desde la herida, el amor, los silencios y los sueños postergados— construyó su camino de transformación. Es madre, abuela, compañera, guía. Fundadora de un espacio donde el cuerpo respira y el espíritu despierta. Profesora de yoga, tejedora de palabras y creadora de mundos nuevos cuando los viejos ya no le alcanzaban. Pero Uma Luna no es solo luz. También es sombra. Es exigencia consigo misma. Es esa voz interna que a veces le pide más de lo que puede dar. Es la mujer que carga, sostiene, y muchas veces se olvida de simplemente recibir . Que acompaña a todos, pero a veces se posterga. Que duerme poco porque su mente no descansa, y que se enoja cuando su sensibilidad no encuentra por dónde salir. Y aún así, vuelve. Vuelve siempre. A su mat, a sus escritos, a sus alumnos, a su propó...

La felicidad habita el presente

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  La felicidad habita el presente "El momento presente está lleno de alegría y felicidad. Si estás atento, lo verás." — Thich Nhat Hanh Cuántas veces en la vida nos pasa que vamos corriendo detrás de algo: una meta, un cambio, una promesa de felicidad que siempre parece estar más adelante… Y en esa carrera, nos perdemos lo que ya está ocurriendo. Lo que sí tenemos. Lo que sí somos. Hoy, mientras tomaba mi té en silencio, sin celular, sin música, sin apuros… me di cuenta de que estaba sonriendo. Y no era por algo grande ni extraordinario. Era por ese instante en que el cuerpo descansa y el alma respira. Ahí estaba la felicidad. Calladita, simple, pero tan real. Esta frase me recordó que el presente es un refugio. Que cuando logramos estar de verdad en lo que estamos haciendo, aunque sea lavar los platos o tender la cama, algo cambia. Se ablanda la mente. Se aquieta el corazón. Y ese es el espacio donde empieza a florecer la gratitud. No hace falta tenerlo todo re...