El derecho a decir “esto no es para mí”
El derecho a decir “esto no es para mí”
A veces, cuando algo nos duele, nuestra primera reacción es tratar de entenderlo, de arreglarlo, de hablarlo una vez más. Nos aferramos a la idea de que, si logramos expresarnos mejor o encontrar las palabras adecuadas, tal vez la otra persona escuche, tal vez la situación se acomode.
Pero no siempre es así.
Cuando una persona impone su verdad a los gritos, cuando el diálogo no es posible porque no hay escucha real, nos encontramos en una encrucijada. Queremos explicar lo que sentimos, pero las palabras chocan contra una pared de soberbia, control o indiferencia. Y entonces, solo queda dar un paso al costado.
Irse no es fácil.
Nos queda la sensación de injusticia, la impotencia de no haber sido escuchados, la amargura de tener que soltar algo que nos hacía bien solo porque el ambiente se volvió tóxico. Y ahí, en ese punto, aparece el duelo.
Porque sí, alejarse también es un duelo.
No solo dejamos atrás la situación conflictiva, sino también todo lo que alguna vez fue lindo, todo el esfuerzo que pusimos, las ilusiones, los pequeños momentos que nos hicieron felices en ese espacio. Y duele. Duele porque no queríamos irnos, duele porque no era la idea inicial.
Pero a veces, soltar no es perder, es elegirnos a nosotros mismos.
El duelo tiene su propio ritmo. Al principio pesa, nos inunda la tristeza, las preguntas sin respuesta. Nos cuesta aceptar que algo terminó. Pero poco a poco, entre el vacío que deja lo que soltamos, empieza a surgir una nueva posibilidad. Un nuevo camino.
Y ahí está la clave: seguir caminando.
No se trata de reemplazar lo que dejamos, sino de permitirnos encontrar algo que realmente nos haga bien. Algo que no nos obligue a luchar para ser escuchados, sino que nos reciba con respeto y fluidez.
Porque al final, el verdadero derecho que tenemos es el de elegir dónde queremos estar.
Y cuando aprendemos a decir “esto no es para mí”, también nos damos la oportunidad de decir “esto sí, esto me hace bien”.
El duelo pasa, la tristeza se va disipando y, sin darnos cuenta, un día miramos hacia atrás y entendemos que lo mejor que hicimos fue elegirnos.

Comentarios
Publicar un comentario